NUESTRA HISTORIA
SITUACIÓN:
Situado en la parte occidental de Bizkaia, tiene una extensión de 31, 12 km 2 y está formado por varios núcleos de población, entre ellos los barrios de Cueto, Pando, Basinagre, Romaña, Gordón y La Iglesia donde recae su capitalidad, su situación geográfica es de 43º 16' 25” de longitud norte y 0º 25' 12” de longitud oeste con una altitud de 152 metros sobre el nivel del mar.
La población en 1.704 era de 607 habitantes; en 1.800 de 865 habitantes; en 1.900 de 969; en 1.920 de 1.038; en 1.930 de 942; en 1.940 de 929; en 1.950 de 949; en 1.960 de 843; en 1.970 de 727; en 1.980 de 554; en 1.990 de 529; en el 2.000 de 536 habitantes.
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Durante muchos años su población tuvo una evolución demográfica estancada, como vemos a partir de la década de los años 70, la tendencia es regresiva, lo que se explica por la fuerte emigración y la caída de la natalidad. En la actualidad cuenta con 530 habitantes.
La agricultura y la ganadería han sido la base sobre la que se sustentaba su economía. Si bien en las últimas décadas esta no es la fuente de ingresos principal de sus habitantes, y aunque las labores del campo persisten, son básicamente para consumo propio. |
PATRIMONIO Y ORÍGENES:
Trucios administra un patrimonio monumental relativamente rico, por encima de la media de los municipios de Bizkaia, que merece la pena conocerse.
La riqueza de este valle es indiscutible en todos los terrenos paisajísticos, la diversidad de su flora y de su fauna, además de su arquitectura popular, tanto la arquitectura civil culto de sus caseríos trucenses y palacios solariegos, así como la religiosa con la Iglesia de San Pedro de Romaña de elevado valor, declarada recientemente Patrimonio Histórico de Bizkaia. Iglesia cuya fundación data de tiempos de los señores de Bizkaia, de la que el Rey Don Juan I el 28 de diciembre del año 1.386, hizo merced perpetua a Don Juan González de Avellaneda, VII señor de aquella ilustre casa, cuya merced confirmaron el Rey Don Juan II en Burgos el 29 de septiembre de 1.444 y los Reyes Católicos Don Fernando y Doña Isabel en Bilbao el 13 de agosto de 1.476.
Sobre los orígenes de Trucios no hay información abundante. De época prehistórica se conocen detalles puntuales de la ocupación de la zona gracias a los datos proporcionados por sus cuevas, llegando a ser uno de los más ricos de las Encartaciones en cuanto a la etapa prehistórica se refiere en materiales de superficie con 4 dólmenes, 1 cromlench, 2 menhires, 7 túmulos, asentamientos, etc. además de yacimientos en cuevas. Entre los materiales encontrados destacan fragmentos de cerámica, restos humanos, fragmentos de sílex, un pitón de cuerno con perforación y una hacha pulimentada de una longitud de 12,8 centímetros y un peso de 350 gramos.
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Los vestigios más antiguos de hombres en el Valle de Trucios se han encontrado en las cuevas de Logalan, Cocabrea y otras próximas. Sin embargo, de los asentamientos al exterior más antiguos que conocemos se puede decir que hacia los siglos X-XI se estableció un grupo de gente en Cueto. Es decir, que los primeros asentamientos se dieron no en el fondo del valle, ni en la montaña, sino en la zona media. Hacia el siglo XIII hay un descenso al valle, desde Cueto a Romaña, y en el siglo XIV el centro se traslada a La Iglesia.
La época romana es un poco oscura, no dejando demasiado testimonio en este entorno. El silencio se extenderá hasta plena Edad Media.
BANDOS:
Trucios fue uno de los valles más pacíficos y durante muchos tiempos en la época de los bandos no estuvieron en él partidos señalados, entrando las divisiones muy tarde.
Esta paz fue interrumpida a consecuencia de la muerte que un tal Micorro, conceptuado como mala persona, diera a Pedro Pando, hijo de Pedro Sánchez de Pando, alcalde del Valle de Trucios, que desde entonces quedó dividido en dos bandos, el que formó el alcalde Pando con sus hijos y el que constituyeron Fortún de Trucios, de linaje, y su hermano Diego de Trucios, que eran parientes del citado Micorro.
Según las “Bienandanzas e Fortunas” de Lope García de Salazar, la venganza no tardó en llegar, ya que como consta en la crónica referida: “Pedro Sánchez de Pando, alcalde, e Diego de la Puente , su fijo, mataron al padre de aquel Micorro, e a su hermano malamente”.
Establecidas las paces, el valle quedó dividido en dos bandos, de Negretes y Marroquines, o sea con influencia carranzana y salcedana respectivamente, representando a la primera Fortún de Trucios y a la segunda Pedro Sánchez de Pando y sus hijos, pero lo establecido fue más que un enfrentamiento de bandos, un turno político.
La primera historia escrita sobre Trucios se remonta precisamente a la época de las luchas de bandos. Una de las noticias más interesantes que aluden al territorio trucense, dentro de las “Bienandanzas ” de Lope García Salazar, sería un pasaje en el que se nos explica el origen del linaje de Trucios y refleja como los enfrentamientos entre miembros de una misma familia son constantes a lo largo de esta etapa medieval.
“DE LOS LINAJES DE ARCENTOS E DE TURÇOS, E DE VILLA/VERDE, E DONDE SUCEDEN
Truçios todos eran un lina/je e casados en uvo, e despues se parti/eron el alcalde Sánchez de Pando, e sus fijos a/uva parte por uva omecoida que ovieron/entre parientes, Diego de Turçios, e Fortún/Sánchez su hermano, a la otra parte, e despues ca//saron en uvo, pero siempre quedaron dos van/dos e parientes partidos.”
La sociedad Bizkaina bajomedieval, y dentro de ella Trucios, se verá afectada, por tanto, por serios conflictos sociales, de las que la lucha de bandos (aunque no es el único) será uno de los más importantes. En el tema de las actividades de estos moradores, además de la agricultura y la ganadería, en el siglo XVI las ferrerías se encuentran ya perfectamente asentadas en Trucios aunque hay quien asegura que podrían estar ya implantadas en el valle desde muchísimo antes.
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Las armas de Trucios, compuestas por rueda de ferrería dentada con diez dientes y en el centro otra de seis, con orla de siete cruces potenzadas, serían sin duda dichas ruedas las que representan el símbolo de la industria de clavetería y herraje.
El río Mayor, aunque de pocas aguas, tenía saltos que hacían que se moviesen los molinos de tres ferrerías, y sus afluentes movían también doce aceñas o molinos. Esto lo escribía Iturriza en el año 1.787. |
El Gobierno y la Administración de estas Repúblicas residía en el Concejo o Junta General de los vecinos hijosdalgo, que la derivaban de la propiedad de la tierra y la ejercían como propietarios de ella.
Eran los Concejos entidades perfectamente constituidas y organizadas; sus asambleas se celebraban con solemnidad. Estas se reunían ante las puertas de las Iglesias y bajo árboles notables.
En tiempos de los bandos, el Corregidor de Bizkaia nombraba al alcalde, cuya elección siempre caía en las personas de una misma familia, por este motivo los del Concejo de Trucios acordaron suplicar al Rey les concediese merced de nombrar Alcalde por elección popular de aquel de entre ellos que reuniese más voluntades.
Accediendo a lo solicitado, el Rey Felipe IV, con fecha 24 de octubre de 1.639, dio carta y merced al Concejo de Trucios de la Vara de Alcalde y Juez Ordinario, mediante el pago de 400 ducados para que pudieran nombrar justicias por elección entre ellos. Así lo hicieron los del Concejo y ya en 1.640 nombraron su primer alcalde en la forma dicha a Don Antonio Otañez y Pando.
En Sesión celebrada el 31 de diciembre de 1.799 fue designado por el Ayuntamiento de Trucios, su Alcalde Don Juan Antonio de la Puente y Tueros para que realizara las gestiones necesarias para conseguir la unión del Valle al Señorío de Bizkaia en las mismas condiciones en que se habían efectuado ya las uniones al mismo de otros Valles Encartados.
Al igual que otras repúblicas encartadas, el 14 de febrero del año 1.800 solicitaron igual incorporación el Concejo de Gueñes y el Valle de Trucios, extendiéndose como consecuencia las correspondientes escrituras públicas y pidiéndose la confirmación de ellas al Rey.
Terminó todo este asunto el año 1.804 no sólo con la confirmación real de la unión de Gueñes y Trucios, sino con la incorporación de otros que disentían y, por lo tanto, con la total y definitiva incorporación de las repúblicas encartadas a la Junta de Gernika.
Los cuatro pueblos que disentían de la incorporación al señorío de Vizcaya son Galdames, Zalla, Arcentales y Sopuerta Los cuatro concejos "disidentes" pedían que les dejaran con plena libertad, fueros, exenciones y gobierno particular, de los que hasta entonces habían gozado, y que los seis concejos de Encartaciones que ya se habían incorporado al señorío de Vizcaya (los tres y cuatro de Somorrostro, Gordejuela, Carranza, Trucíos y Güenes) se segregaran de dicho señorío para luego (una vez todos los de Encartaciones estuvieran unidos de nuevo) pudieran incorporarse a él conjuntamente. Su actitud no prosperó y finalmente se les "invitó" a unirse al señorío sin que se concediera lo que ellos demandaban. Hay en el Ayuntamiento de Galdames un documento que lo recoge, documento de 17 de Enero de 1807 que testimonia la integración (legal-forzosa) que tienen que hacer al señorío por Real Orden:
"... acordaran también que dicha corporación además de servir de regla para que dicho real servicio, sirva también para las demás contribuciones que este dicho concejo tenga que hacer a dicho señorío como incorporado juntamente con los otros tres pueblos por Real Orden". * concejo = Galdames, señorío = Vizcaya, los otros tres pueblos = Zalla, Sopuerta y Arcentales, por Real Orden = se les obligó por ley firmada por el Rey. |
Conservaron los Encartados su audiencia de Avellaneda y su cárcel propia, más la Junta de Avellaneda perdió su personalidad con beneficio de la unidad política de Bizkaia. En la guerra de 1.936-1.939, Trucios fue una de las últimas localidades de Bizkaia en caer en poder de las fuerzas de Franco. Ante la inminente caída de Bilbao, el Gobierno Autónomo de Euskadi, decidió el 16 de junio de 1.937 trasladarse a Trucios dejando en la capital una junta provisional encargada de la evacuación. Tras permanecer un tiempo en el Valle, donde José Antonio Aguirre escribiera el “Manifiesto de Trucios”, el Gobierno Vasco se traslada a Santander, camino de Francia. José Antonio Aguirre reside en París desde 1.939 como Presidente del Gobierno Vasco hasta que fallece el 22 de marzo de 1.960.
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