Patrimonio y orígenes

Trucios administra un patrimonio monumental relativamente rico, por encima de la media de los municipios de Bizkaia, que merece la pena conocerse.

La riqueza de este valle es indiscutible en todos los terrenos paisajísticos, la diversidad de su flora y de su fauna, además de su arquitectura popular, tanto la arquitectura civil culto de sus caseríos trucenses y palacios solariegos, así como la religiosa con la Iglesia de San Pedro de Romaña de elevado valor, declarada recientemente Patrimonio Histórico de Bizkaia. Iglesia cuya fundación data de tiempos de los señores de Bizkaia, de la que el Rey Don Juan I el 28 de diciembre del año 1.386, hizo merced perpetua a Don Juan González de Avellaneda, VII señor de aquella ilustre casa, cuya merced confirmaron el Rey Don Juan II en Burgos el 29 de septiembre de 1.444 y los Reyes Católicos Don Fernando y Doña Isabel en Bilbao el 13 de agosto de 1.476.

Sobre los orígenes de Trucios no hay información abundante. De época prehistórica se conocen detalles puntuales de la ocupación de la zona gracias a los datos proporcionados por sus cuevas, llegando a ser uno de los más ricos de las Encartaciones en cuanto a la etapa prehistórica se refiere en materiales de superficie con 4 dólmenes, 1 cromlench, 2 menhires, 7 túmulos, asentamientos, etc. además de yacimientos en cuevas. Entre los materiales encontrados destacan fragmentos de cerámica, restos humanos, fragmentos de sílex, un pitón de cuerno con perforación y una hacha pulimentada de una longitud de 12,8 centímetros y un peso de 350 gramos.

Los vestigios más antiguos de hombres en el Valle de Trucios se han encontrado en las cuevas de Logalan, Cocabrea y otras próximas. Sin embargo, de los asentamientos al exterior más antiguos que conocemos se puede decir que hacia los siglos X-XI se estableció un grupo de gente en Cueto. Es decir, que los primeros asentamientos se dieron no en el fondo del valle, ni en la montaña, sino en la zona media. Hacia el siglo XIII hay un descenso al valle, desde Cueto a Romaña, y en el siglo XIV el centro se traslada a La Iglesia.
La época romana es un poco oscura, no dejando demasiado testimonio en este entorno. El silencio se extenderá hasta plena Edad Media.

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